Yo anularé mi voto… y no me callo
Las siguientes cifras sobre el abstencionismo son de José Wondelberg, quien fuera presidente del alguna vez (según dicen) prestigioso Instituto Federal Electoral:
- 1991 (elección intemedia): 34.06%
- 1994 (elección general): 22.45%
- 1997 (elección intemedia): 42.31%
- 2000 (elección general): 36.34%
- 2003 (elección intemedia): 58.32%
- 2006 (elección general): 41.81%
En un país presidencialista como este, históricamente la renovación de la cámara de diputados y senadores ha importado bien poco, de ahí que la abstención en las intermedias siempre haya sido mayor, al grado de que en la legislatura que fue de 2003 a 2006 nuestros “representantes” fueron elegidos por poco menos del 41% de la población registrada.
Por otro lado, es evidente que la tendencia en ambas es a la baja. Incluso en la anterior contienda, disputada férreamente por la derecha y la izquierda, hubo un marcado ausentismo. El ganador, quien quiera que “haiga sido”, triunfó con alrededor de 13 millones de votos, en un país habitado por poco más de 100 millones de almas.
Existe una predisposición a identificar al que no vota como un apático individuo, poco interesado en los asuntos que nos conciernen a todos. “Si no votas cállate” decían los “jóvenes artistas” en campañas destinadas a captar la atención de los nuevos electores.
Mi instinto era decirles… “pero entonces también ellos me dejarán de joder”. ¿No me cobrarán más impuestos, directos ni indirectos, o utilizarán estos para subsanar las carencias de mi colonia, descontándoselos proporcionalmente a los sueldos de cada funcionario público? Es decir, mientras me sigan cobrando un servicio que yo no les pido se chingan, no me callo.
Siempre me ha parecido que el voto tiende a reducir algo que debería ser constante (la participación política) a un esporádico evento. Vamos que uno va, tacha las papeletas, las mete en unas cajas de cartón y se desentiende. Luego los venerables hijos de p… candidatos triunfantes, las toman como un maldito cheque en blanco.
Yo por eso, aunque he podido hacerlo en tres momentos, nunca he votado. Sin embargo creo haber estado más metido en (o por lo menos enterado de) los asuntos políticos de mi comunidad que muchos de los que acuden puntualmente a las urnas.
Con todo, mi actitud tiende a confundirse con la condescendencia, por eso en esta ocasión por primera vez entrare a una casilla electoral, tan solo para tener el placer de anularlo y ser partícipe de un meme iniciado por Edgar Clement, que anda circulando por la internet.
Hoy los que no confiamos en la clase política vamos en camino de ser mayoría. Así se nos ubique (como lo hace Wondelberg) entre los “hiperpolitizados” o los “apolíticos rutinarios”. Estamos hasta la puritita madre de su pantomima mal llamada democracia.