La casa de las bellas durmientes del nobel japonés Yasunari Kawabata (1899 - 1972) es de una sutileza que corta. Las palabras justas, límpidas y penetrantes se suceden implacables, como el vaivén de un fuerte oleaje.
Eguchi, su protagonista, es un anciano que acude a una misteriosa posada en donde hombres viejos como él, pagan para dormir (sólo eso) junto a jóvenes desnudas.
La experiencia los aleja de la muerte, en apariencia. Y digo en apariencia porque por lo menos para Eguchi, significa introducirse en reflexiones que dejan la sensación de que algo va a terminar.
El final es rápido y preciso, como el corte de una espada manejada por el más experimentado samurái. La historia es triste y contiene la contundencia de lo inevitable. Leerla es un verdadero placer.