Negro literario
En las últimas semanas he estado trabajando como “negro literario”, es decir, escribiendo un artículo para que otra mano lo firme y lo publique en alguna revistilla cultural de “jóvenes creadores”.
El tema ha sido el jazz contemporáneo, de ahí que hayan visto ustedes algunas notas que hablan al respecto en este espacio. P. ej.: Jarret es un iluminado.
La experiencia no ha sido tan desagradable como yo me suponía. Para exorcisar los remordimientos me impuse algunas reglas:
1] no escribir como yo lo haría, sino como un heterónimo gordito, sudoroso, post-treintón (acá los “jóvenes creadores” promedian esta edad), bastante snob y con tendencias pederastas;
2] escogí un tema básicamente neutral, en el que se pudiera hacer una especie de panorama general, “estado de la cuestión” suele llamársele, sin entrar en demasiadas polémicas;
3] le pedí al contratante que me consiguiera aquellos álbumes que se consideran fundamentales en el rubro (unos 50), cosa que así hizo;
4] algo similar pasó con un par de libros, mismos que pude conservar, ah y también pude realizar una “copia de seguridad” de los discos en mi biblioteca de mp3;
5] cobre muy bien.
¿Lo volvería a hacer? Depende el caso, tendrían que cumplirse por lo menos las 5 reglas anteriores y quizás algunas más. Como sea la experiencia me sirvió para conocer un poco mejor los entretelones de las publicaciónes culturales en México.
¿Es común que los artículos de las revistas sean escritos por mercenarios? Más o menos, conozco un eminente historiador que mantiene a un séquito de “becarios” haciendo investigación de archivo y redactando capítulos para sus publicaciones.
El tipo se limita a corregirles el estilo, manteniendo un discurso preestablecido, sin importar mucho lo que aporten los documentos.
Como quiera, por lo menos les mete mano. Los “negros literarios” son más comunes en el campo de las memorias, ya saben: ex-funcionarios, ex-candidatos presidenciales, ex-conductores de radio y TV, ex-futbolistas, ex-vedettes, ex-etcétera.
“Todo es mentira en este mundo, todo es mentira la verdad…”, decía Manu Chao en una de sus canciones. ¿Será?